Respeto, justicia y agradecimiento al 05

Escrito por Miguel Ángel Martín Espada
En el año 2002 se ha cumplido el vigésimo aniversario del nacimiento de un canario que, sin ningún género de dudas, revolucionó la canaricultura de canto aragonesa y contribuyó de forma clara e incontestable a la mejora genética y canora de los canarios de canto basado en giros de ritmo discontinuo de nuestro país. Ese ejemplar era el D-111/82/05, popularmente conocido como “el 05”, canario criado por Santiago Iso Gracia en el año 1982.
El 05 fue un canario de gran calidad canora que ganó el concurso para noveles de la Agrupación Ornitológica de Zaragoza, actuando como jurado calificador del evento el siempre admirado y recordado Rafael Martínez Bouzo, garantía de seriedad, coherencia y calidad técnica del enjuiciamiento. Si bien tan sólo obtuvo 91 puntos (el ejemplar tenía sus faltillas) el 05 no ha pasado a la Historia de nuestra canaricultura por haber ganado el concurso de una localidad como Zaragoza, que en canaricultura de canto estaba todavía en pañales y cuyo nivel cualitativo estaba muy lejos del que no tardaría mucho tiempo en alcanzar gracias al trabajo del Club Timbrado Ciudad de Zaragoza, asociación gestada por el propio Santiago Iso y por Antonio Herrera Orellana en el viaje de vuelta de un concurso de Oviedo; viaje que representó para estos dos insignes canaricultores algo así como la caída del caballo de San Pablo. El 05 ha pasado a la Historia de nuestra Canaricultura de Canto, y pese a quien le pese, no por ese Gran Premio que obtuvo sino por haber sido el origen de una de las líneas de canto propiamente dichas más laureadas, si no la que más, de las últimas dos décadas en España. La virtualidad del 05 fue la de no caer en el olvido como ocurre con la mayoría de los canarios que ganan un concurso, sea éste más o menos importante. El 05 fue, muy por encima de un campeón, un raceador, un cabeza de línea o, como dicen los italianos, un capostipite.
La canaricultura timbradista en Zaragoza, como la de tantos lugares en la década de los setenta, estaba lentamente pasando del cultivo del clásico Timbrado madrileño de los CHAUS y los PIAUS al del más musical y ecléctico Timbrado andaluz a golpe de billetero y con mayor o menor fortuna. Fue en este contexto cuando los rectores de la Agrupación Ornitológica de Zaragoza, a principios de la segunda mitad de la década de los setenta, llamaron a un juez asturiano para que enjuiciara el concurso social, dicho juez era Salvador Quirós Estrada, de La Felguera. La impresión que los canarios presentados a concurso causaron al Sr. Quirós, acostumbrado a la variedad asturiana de ritmos discontinuos, fue tan negativa que recomendó a los canaricultores zaragozanos que abrieran sus mentes y sus oídos y trataran de conocer cómo era ese otro tipo de canarios, al que ellos preferían denominar de Canto Español, que se criaba en Asturias. Fruto de los consejos del Sr. Quirós, un grupo de criadores, entre los que se encontraban el prematuramente desaparecido Manuel Giménez Mateos y Salvador Melendo Arenas, adquirió un lote de ejemplares en La Felguera. La descendencia de aquellos ejemplares traídos de Asturias era diferente a lo que hasta entonces se había escuchado en Zaragoza y fueron muchos los criadores que adquirieron para sus criaderos ejemplares de esta primera generación de canarios asturianos nacidos a las orillas del Ebro.
Visto el interés que mostraban los aficionados por este tipo de canto, Salvador Quirós recomendó que se llamara para enjuiciar el concurso a Rafael Martínez Bouzo, el juez asturiano más afamado y discípulo aventajado de Antonio Drove Aza. Fue en el concurso de la temporada 80/81, y ya enjuiciando Bouzo, cuando José Castro Pérez presentó un ejemplar pío, de canto basado en espectaculares cloqueos, aguas y variaciones conjuntas, que ganó el Gran Premio y cuyo hermano, el 80/42269, un ejemplar verde que había obtenido una discreta puntuación en el concurso, fue a manos de Santiago Iso Gracia.
Bouzo regaló a Santiago Iso dos canarias para que las cruzará con el 80/42269, pero el primer año no salió ningún ejemplar de calidad, más bien al contrario. Lejos de desanimarse y siguiendo los consejos de Bouzo, Iso se desprendió de una de las canarias asturianas y su descendencia, una amarilla que le había pedido a Bouzo por el capricho del color, y se quedó con la otra, una hembra verde, la 80/350156, que había sido la hembra estrella que Bouzo le había mandado y que había sido criada por Agapito Arias, uno de los más grandes canaricultores de Oviedo de la época, y con una de las hijas de esta última, la 81/180815.
Siguiendo uno de los tradicionales sistemas de cría en consanguinidad y conocedor de la calidad genética del ejemplar que José Castro le regalara, Iso emparejó, entre otros cruces, el 80/42269 con su hija, la 81/180815. De la descendencia de este cruce nació un macho que ya desde pichón llamaba la atención por su particular colorido; era un verde pinto con una mancha amarilla en la garganta que semejaba un babero, una media luna amarilla en la nuca, así como alas, abdomen y cola también amarillos, se trataba del D-111/82/05.
Llegado el mes de octubre el D-111/82/05 y su hermano el D-111/82/07 fueron introducidos en sus jaulas individuales de concurso y empezaron la etapa canora más difícil para un joven canario: el proceso de cristalización de su canto mediante el paso de la canción plástica a la canción estable, lo que coloquialmente denominamos cerrar canto. Quienes recuerdan el canto de los dos hermanos en aquellos meses anteriores al concurso social lo califican como raro, el repertorio de los dos hermanos les sonaba a chino, acostumbrados a los canarios madrileños, a los andaluces y a los primeros canarios asturianos de línea predominantemente acuosa, el canto del 05 y su hermano resultaba completamente diferente. No lo entendían, no había criterios claros para discernir qué era aquella rica y variada sucesión de sonidos emitidos; sabían reconocer los timbres, las rodadas, las castañuelas, los cascabeles, los CHAUS y los PIAUS, la campana, los cloqueos, las aguas y hasta algunas compuestas y floreos en tui tui, pero lo que emitían aquellos canarios no encajaba en los parámetros de lo que hasta entonces habían tenido por canto Timbrado. Frente al primer impulso de descartar a los dos hermanos, se impuso el criterio de aguantarlos hasta el concurso, ya que después de todo no sonaban mal, eran agradables al oído y seguro que Bouzo les explicaba qué eran aquellos sonidos que el 05 y su hermano emitían en su canto.
Llegó el concurso y para sorpresa de todos, incluido el propio criador, el 05 obtuvo 91 puntos y ganó el concurso. Tal fue el desconcierto mostrado por los criadores presentes que Bouzo, en una de sus magistrales charlas-enjuiciamento, desmenuzó y analizó el canto de aquellos ejemplares para que todos pudieran entender qué eran aquellos raros sonidos; que resultaron ser floreos y variaciones conjuntas, giros de composición fonética sumamente compleja, algunos formados por la sucesión de sonidos polisílabos, casi auténticas palabras, completamente diferentes de los más o menos simplones floreos y compuestas oídos hasta la fecha. Ciertamente el 05 no se podía comparar con los grandes ejemplares que ya habían nacido en Asturias, pero era el primero con ese tipo de canto que había nacido en Zaragoza y además, como el tiempo se ha encargado de demostrar, su incidencia ha sido mucho mayor, en el desarrollo y mejora genética del canto floreado, que la de muchos de los ejemplares de mayor calidad canora y puntuación que le antecedieron y sucedieron en el tiempo.
El 05 rompió esquemas, hasta algunos de los detractores del canto basado en giros de ritmo discontinuo se rindieron a la evidencia y, admitiendo la mayor belleza y musicalidad de los canarios de Iso, acabaron criando ese tipo de canto.
Iso cruzó el 05 con su madre, la 81/180815, y con su abuela, la 80/350156, creando el tronco principal de lo que acabaría siendo una línea con personalidad propia, tanto en lo canoro como en lo morfológico. En lo canoro por un canto de voz metálica (el timbre de voz de algunos ejemplares semejaba al del metal de las cuerdas del violín), perfecta dicción, amplio registro, pleno dominio vocal y con un repertorio basado exclusivamente en giros de ritmo no continuo entre los que destacaban las espectaculares compuestas de floreo lento y agua lenta, las interminables series de floreos y floreos lentos de textura metálica y esos característicos cloqueos, puros o de agua, que tantos quebraderos de cabeza daban y siguen dando con su aparente sonoridad CH durante el repaso. En lo morfológico por unas cabezas grandes y cuadradas, gran capacidad torácica, tamaño medio-grande, y un particular, vivo y brillante colorido verde salpicado de las típicas manchas lipocrómicas amarillas en la cabeza, en forma de babero en la garganta y media luna en la nuca, en el abdomen, en las alas y en la cola.
Pero si en la línea se fijaron virtudes también la acompañaban, como en la actualidad, unas características no tan favorables. En el canto muchos ejemplares muestran una predisposición a la emisión de sonidos con CH, a quedarse encerrados en un reducido círculo vicioso de giros claramente insuficiente, o a recortar su canto de forma considerable una vez superado el clímax de su ciclo de canto. En lo morfológico, algunas familias tienden a un exceso de longitud, acompañado de pérdida de amplitud torácica y de patas excesivamente largas. Pero es el aspecto reproductivo donde ya desde un inicio la línea mostró su principal handicap, causa de que sean pocos los criadores que se hayan atrevido a criarla en estado puro, no son infrecuentes los machos y hembras estériles, sea de forma originaria desde el primer año o sobrevenida a partir del segundo, las hembras que ni tan siquiera llegan a poner o las que, aún siendo fértiles, o no incuban o no ceban a los pichones, motivo por el que siempre ha habido que preparar nodrizas cuando se cría con canarias de esta línea, ya que o son unas reproductoras extraordinarias o concentran todos los defectos que puede reunir una hembra.
Con todo y a pesar de lo anteriormente dicho, cuando en un criadero sale un ejemplar con las características canoras típicas de los buenos ejemplares de la Línea el sufrimiento al que los canarios de la misma nos someten durante la cría y la fase de repaso, por sus tradicionales sonidos dudosos, merece la pena, y ello aunque al final sólo podamos seleccionar dos machos y el resto lo tengamos que mandar a la pajarería. Precisamente es en su dificultad y en el reto que ésta representa donde reside el mayor atractivo de esta Línea.
Algunos de los canarios de canto más espectacular de los últimos veinte años han nacido de cruces con ejemplares de Línea Iso. Como ejemplo podemos citar la familia de los moñas, o del factor, del propio Iso, fruto del cruce del 05 con la 83/120142 de Agapito Arias, que dio numerosos campeones y que al final tuvo que ser desechada por acusar factor rojo (hasta no hace muchos años aún se podían observar en algunos ejemplares rebotes de factor, debidos a genes atávicos). De la rama familiar iniciada con el 05 y la 83/120142 y de la concurrencia de sus herencias descienden alguno de los campeones de Agapito Arias y José María González Cardín, el famoso Caruso de Angel Lavín Castro, la famosa 10 (E-730/87/10), de Jose Manuel González Alvarez, Mamel, madre del 89/147581 de Salvador Melendo. En los pedigrís de estos ejemplares la presencia del 05 no es meramente testimonial, ya que en casi todos ellos aparece en un buen número de ocasiones, normalmente con cruces que tratan de fijar la herencia aportada por hijas suyas, como ocurre en el caso de Caruso, en cuyo pedigrí tiene un papel fundamental la 84/512327 de Iso.
Hay que convenir que la línea del 05 no habría podido subsistir sin la realización cíclica de cruces de refresco, en este sentido hay que destacar dos ejemplares sin los cuales posiblemente no podríamos disfrutar hoy en día de estos canarios. En primer lugar, el 82/268129 de Agapito Arias, que cruzado con la D-111/85/05 por José Rábago Gallego dio como resultado el 890/87/54, de cuyo cruce con su madre nació el D-111/88/11, campeón del Puerto de Santa María, y del que también, cruzado con la ya mencionada 81/180815, madre del 05, nació el D-111/88/02, padre del D-111/89/01, campeón de Oviedo y progenitor del D-111/90/44, origen de la línea del autor del presente escrito.
El segundo ejemplar clave en el refresco de la línea, en un momento en el que ésta estuvo a punto de desaparecer como consecuencia del uso abusivo de la consanguinidad fue el 89/147581 de Salvador Melendo, ejemplar, por otra parte, que ya tenía entre sus antepasados al 05. Un hijo de este ejemplar, el H-363/94/22, nieto asimismo de una hermana del D-111/88/11, de la que había heredado el típico babero de la línea, fue utilizado para refrescar la descendencia del D-111/90/44, concretamente fue cruzado con una nieta de este ejemplar la H-363/94/24, dando el H-363/95/33, ejemplar que presentaba, a pesar de la herencia paterna, todas las características canoras y morfológicas de la Línea Iso y uno de cuyos hijos fue el H-363/96/07, ejemplar con el que Santiago Iso Gracia retomó de forma exitosa la canaricultura de competición, después de un ostracismo voluntario de casi siete años de duración.
Hoy somos muchos en todo el territorio nacional los que cultivamos la Línea Iso, incluso algunos laureados criadores que atribuyen el mérito del canto de sus ejemplares al cruce con el silvestre saben que en el fondo, aunque se nieguen a reconocerlo, sin la aportación genética de ejemplares de esta línea, con los que han cruzado sistemáticamente sus canarios de procedencia silvestre, no estarían donde están. Por mucho que algunos seleccionen sus canarios descartando de la cría aquellos que muestran las marcas amarillas típicas de la línea, tarde o temprano siempre flota algún baberillo a la superficie como marchamo de clase, autenticidad y denominación de origen.
Por todo ello debemos mostrar nuestro respeto, justicia y agradecimiento al 05, origen de una línea a prueba de todos aquellos que, de forma incomprensible, sólo quieren ver su nombre o la palabra silvestre en los pedigrís; aunque para ello tengan que alargar éstos veinte generaciones y hacer fichas que, más que pedigrís, parecen mapasmundi por su tamaño e interesado y coloreado marcado selectivo de ejemplares.
Por fortuna, las características canoras y morfológicas de la Línea Iso hacen estériles los intentos de confusión, pues, podrá no aparecer el nombre de Iso, o de cualesquiera de los muchos que criamos la línea de canto que este canaricultor zaragozano creó, en un pedigrí, pero el canto y la apariencia de los canarios no engaña.
Sus detractores podrán decir, centrándose interesadamente en los ejemplares de descarte, que los Isos son chillones, que son propensos a las CHs, que su repertorio es corto y repetitivo, que están cargados de consanguinidad o que criar con ellos es una lotería, pero todos sabemos que cuando un aficionado escucha un buen Iso, no hay engaño posible, se ve y, sobre todo, se escucha.